jueves, 11 de octubre de 2012

Saltando la telera: "No habrá gallo para Navidad" - Raúl F. Catón Abril "Torba"


Se oyó un golpe fuerte y seco de la puerta de la cocina que da al corral.
La gata que ronroneaba sobre una silla, al lado de la puerta salió corriendo y desapareció antes de que ésta se cerrara.
-¿Federico eres tú? – Preguntó Adela mientras seguía dando cera roja al suelo del comedor. Suelo que la gloria hacía sumamente agradable por el calor.
- ¡Quién voy a ser… cojones! ¿Sabes que horas son?
-No. No lo sé. Pero llegas antes que ningún otro día… ¿Pasa algo? – Se volvió a oír otro ruido seco. Algo que había caído al suelo en la cocina.
Adela dejó la cera, se incorporó del suelo, y asustada dio cinco pasos hacia la cocina. 
Allí estaba Federico, tiritando de frío, arrimado a la lumbre y una banca en el suelo.

-¡Maldita helada! – dijo - ¡Nos mata a los animales y me mata a mí! ¡Atiza la lumbre mujer! Mis manos están congeladas de sujetar los ramales y apenas las muevo ni para coger las tenazas. ¡Atiza la lumbre mujer que estoy jodido frío! Cada año siento más el frío. Cada año la misma lluvia me empapa más. Cada año me cuesta más hacer lo mismo. Y cada año a las mulas les cuesta más el trabajar. Estoy aburrido y amargado. Solo. Solo desde que Antonio se fue a la maldita ciudad. Ya se lo hubiese dejado todo a él y tendría para vivir. ¡Maldita sea mi estampa!  

Adela tomó el fuelle lo dirigió a la lumbre y sopló con él. Surgieron las llamas al quemar la paja entera. Echó unos palos del manojo del sarmiento que tenía bajo el hogar.
Levantó la banca y arrimándola a la lumbre hizo que Federico se sentara.

-Tienes la ropa congelada
-¡Tengo hasta el alma congelada! ¡Maldita sementera! Nunca la hice en condiciones tan raras de tiempo! Ni tan raras de espíritu.

- La niebla aún no ha levantado, y ya es mediodía – dijo Adela.
- Ni ha levantado ni levantará ya. El campo está helado. Hay que trabajar tres veces más para abrir el surco. El ganado se cansa y cada pasada la haces con más frío. De los canalones cuelgan carámbanos cojonudos. Les tendremos ya para toda la Navidad. ¡Atiza la lumbre mujer! Acércate al pajar  trae una cepa y échala.
- Sabes que ahora no. Me quemará el cocido y no le falta mucho para estar. Para cuando termine la sopa, traigo la cepa. Ahora reaccionarás – dijo Adela.
 - ¡Maldita sea mi estampa! No he sido capaz ni de quitar los arreos a las mulas. Están hasta con el collarón puesto. Las metí en la cuadra y cerré la puerta. He de darlas una vuelta. Ni siquiera paja las eché de comer. ¡Cada día voy a menos. Si alguien me ayudase!
Dijo Federico tapándose la cara con las manos. Un par de lágrimas mojaron sus manos agrietadas y curtidas por los trabajos del campo. ¿Las causó el frío? Yo creo que no. 

-Deja de lamentarte. ¡Quejica! Que ya lo hago yo.
Dijo Adela mientras salía por la puerta envuelta en el chal negro y arrastrando las albarcas que había calzado en sus pies.

Federico comenzó a reaccionar. Movió sus manos, desde la cara hasta casi meterlas en la lumbre. 
Se llevó una mano al bolso del pantalón remendado de pana y sacó el moquero.
Se limpió los ojos, pasó a la nariz y de ahí a la boca  limpiándose la saliva y  el moco congelado. 
Se quitó la gorra, escarchada por el frío de la helada.  La sacudió contra sus rodillas antes de volver a ponérsela.
Un hombre sin gorra es como un palomar sin techo, pensó por un instante. Entran todos los bichos.
Ya se encontraba más a gusto. Se llevó la mano al bolsillo del chaleco y sacó la petaca. Tomó del librillo un papel de fumar, lo sujeto entre los dedos y sobre la palma de la mano, echó tabaco suficiente, para después de quitarle los “palos”, liarse un cigarrillo.
Con las tenazas cogió un palo de sarmiento que ardía en la lumbre y encendió el cigarro. Aspiró del mismo fuerte y profundamente. Y al soltarlo por su boca lleno de humo la cocina. Tampoco era de exagerar,  por el tamaño de la cocina no se trataba de una proeza. 
Fumando le encontró Adela a su vuelta. Se quitó el chal de por encima y lo colgó en un gancho y dejó las albarcas al lado de la puerta.


- Ya están aviadas las dos mulas. Les he quitado los arreos, las eché en el pesebre paja y cebada, y en el suelo una cama nueva de paja, para que maten el frío. También estaban congeladas. ¡¡Por cierto a la que no he visto ha sido a la perra!!
Dijo Adela mientras dejaba bajo el hogar la cepa para echar en la lumbre después de hacer la sopa.

- ¿La perra? Por el pinar de Carrespinar la dejé, corriendo un conejo entre los pinos. Si no ha venido, ha cazado y volverá tras el banquete. ¡¡ Llevaba dos días sin comer, más que las sobras que le damos!! ¡¡Pa morir de un atracón!! ¿Sabes algo nuevo de los hijos? – Preguntó Federico como sospechando algo, pues la Adela ya hubiese contado si fuese algo bueno.

- ¡¡Ahí va dios Federico ya se me olvidaba!! Vino esta mañana Carmen, la telefonista, pa decirme que había llamado la Mari y que volvería a llamar al rato. Bajé pa allá. Llamó al poco. Se oía muy mal y sabes que yo no soy capaz de hablar por esos aparatos. Pero cogí el recao: No estaba la señora de la casa y por eso llamaba. Que no vendrán a cenar. Ni pueden venir mañana a comer. Ni ella ni el Antonio. Ella ha de servir la cena a los señoritos y él trabaja hoy en la obra hasta el mediodía.. Que cenarán en casa del tío Ciriaco. Mandó besos. Y calló - dijo Adela temerosa de la reacción de Federico. 

La cocina no solo quedó en silencio y encogida aún más, sino fría como el corral.
El calor que antes había, desapareció, helando las almas de los dos.
El silencio que duró un buen rato, solo se rompía por el ruido de Adela al aspirar los mocos que el llorar producen.

-¡Ese cabrón, si que vive bien!
- ¿Quién? – preguntó Adela.
- ¡Quién va ser!! Mi hermano Ciriaco. Me vendió su parte. Nos reíamos cuando se fue a la ciudad. ¡Y “ay” le tienes! Portero, con traje, sin hincarla. El carbón no le falta pa su cocina, que es de la comunidad. Y ahora en Navidad encima le regalan los vecinos cosas. ¡Fue más listo que yo maldita sea mi estampa! Y al final se terminará quedando con lo que él nunca pudo tener… mis hijos – Dijo Federico lleno de ira y rencor.
-¡Ellos vendrán Federico, somos sus padres!- dijo Adela sin dejar de llorar
 - Poco, Adela, poco. Vendrán muy poco. Y cuando le cojan el gusto a venir nosotros ya no les veremos. ¡Puta vida! – Dijo Federico volviéndose a llevar las manos a la cara.
No había asimilado ni asimilaría la marcha de Antonio del pueblo para trabajar de peón en una obra de la ciudad. ¡Si alguien le viese!. Él le hubiera dejado la labranza y le hubiera ayudado solo por la manutención de él y de Adela. Él había sacado a dos, bien podía sacar a otros dos y encargarse de sus padres.
Lo de Mari lo podía entender. No tenia futuro en el pueblo, y la labranza no daba para repartir. Además no había mozo en el pueblo que la mereciera y en la ciudad tendría su oportunidad. ¡Pero Antonio!
Era algo que no ha dejado de darlo vueltas en su cabeza desde el mismo día y hora que anunció que se iba a la ciudad, que su tío le había buscado trabajo.
Pensaba y pensaba y no dejaba de pensar, hasta que se quedó dormido frente al hogar.
Adela aprovechó y sigilosamente coló el caldo del puchero grande, donde cocían garbanzos, espinazo de cerdo, tocino rancio, y un buen trozo de carne de falda que había comprado al “cortador” ayer por la tarde.
Con el caldo separado en una olla más pequeña, esperó a que hirviera. Y añadió la sopa.
Atizó el fuego en un lugar alejado y puso sobre la trébede un sartén con manteca. Se acercó a la alacena de donde sacó una bandeja vieja de cristal con la pasta de los rellenos, que había preparado la noche anterior. Apenas hizo cuatro y los echó a la sartén.
Después de limpiarse las lagrimas varias veces mientras no para de aderezar la comida y oír como Federico roncaba, ya tenía todo en su punto.
Colocó en la camilla de la cocina dos platos de barro. Dos vasos y llenó la jarra de vino.
 Sirvió la sopa para que fuese enfriándose y despertó a Federico.
- ¡Federico! – Dijo golpeándole fuerte en el hombro.
 -¡Me vas a tirar al fuego! – gruñó Federico haciendo un gesto de querer quitar la mano de Adela de su hombro.
 -¡Vamos gruñón a comer! – dijo Adela.
Giró la banca Federico y se situó en la camilla. Frente al plato de barro humeante del calor de la sopa. Esperó.
Adela estaba frente a él pero no se miraban. Sus ojos no se levantaban del plato.
Estaban ya terminando los garbanzos cuando Adela quiso romper el hielo y preguntó:  
- ¿Cuando matarás el gallo?
Federico la miró con los ojos muy abiertos y con cierto aire de amargura en su gesto de la cara.
- ¿El gallo, pa ti y pa mi? Ca. Nada de eso.
- Federico – dijo Adela – es costumbre en tu casa de siempre comer gallo por el día Navidad.
 - Mañana un día normal. ¡No hay nada que celebrar! No pienso ni ir al café!
Así se joden que no podrán preguntar, nada que no les interese. Voy a limpiar las cuadras. ¡Todas!. La de las mulas, el gallinero y la de los cerdos.
Y guardó silencio mientras Adela había vuelto a llorar.
 - Pa cenar esta noche haces unas sopas de ajo, de esas que te salen a ¡gloria bendita! y sacas lomo del puchero la manteca. Pa ti y pa mi ya hay cena. Luego si quieres salimos a la Misa del Gallo… y si quieres con el traje de pana nuevo. Y después a la cama que mucho frío si que hará. El gallo lo dejamos pa fiestas. ¡A ver si vendrán!
-¿Y ni siquiera irás a maitinar después de la Misa del Gallo?
- ¿Pa qué Adela? ¿Hay algo que celebrar? Y todos tendrán algo que preguntar, ¡si les conozco yo! Siempre te dije Adela que había dos navidades bien distintas. Una cuando todos están. Otra, cuando comienzan a faltar. 
Si nos descuidamos… ¡¡ni la perra vendrá!!
 Terminaron de comer de nuevo en silencio. En silencio se levantó Federico de su banca. Se acercó al hogar cogió el moquero que había colgado de la alambre para secar y salió de la cocina comino de su habitación.
Se quito la chaqueta, el chaleco y la camisa. Se quitó el pantalón y con la camiseta de algodón de invierno y los calzones largos, sin quitarse los calcetines de lana se metió en la cama, esperando dormir buena siesta.
 Adela tras recoger la mesa y fregar quiso seguirle. Pero no pudo. Salio al corral a entreabrir la puerta del mismo por si volvía la perra, tuviera por donde entrar y no despertase a Federico al ladrar.
Volvió a la cocina. Sacó la hogaza de pan ya casi duro y se puso a migar. Lloraba más que migaba. Con los ronquidos de Federico ella sobre la camilla cayó rendida.
 Fuera la niebla no levantaba y la helada no había parado en todo el día. En la calle los niños de vez en cuando pasaban cantando villancicos. Si no era así, el silencio dominaba, fuera, dentro y en las almas.
 Federico y Adela vivieron en el pueblo unos años más.
 El gallo salvó las fiestas de ese año.
Unas tres navidades y dos fiestas más.
Se había convertido en un doloroso símbolo. Símbolo que también murió.
Antonio y la Mari volvieron entre navidad y fiestas. Volvieron un miércoles de ceniza a la tarde y volvieron a sus padres enterrar.
Un martes de carnaval murió Federico por la tarde. Los pulmones.
Un miércoles de ceniza, a la mañana, murió Adela de soledad.
Lloraron las campas de la torre. A nadie más se le oyó llorar. Silencio no había. Los nietos que no conocieron no dejaban de jugar.

La casa cerrada estaba hasta hace pocos años. Cerrada y bien cerrada hasta que año tras año fue cayéndose  y la hicieron solar.
 De la perra jamás se supo más.

martes, 9 de octubre de 2012

I Concurso de Guiso "Patata Monalisa de Campaspero"


Campaspero (Valladolid), con 1.330 habitantes, celebra el 14 de octubre el I Concurso de Guiso "Patata Monalisa de Campaspero", una forma de consumir, desde la participación ciudadana, con esta original idea, la patata cultivada en Campaspero.

La Asociación de Personas Mayores "Andrés Verdugo" participará como miembro del jurado, junto a otras asociaciones del municipio, en una actividad que consistirá en la elaboración de diversos guisos que concurrirán a concurso, en los que a buen seguro que la sabiduría gastronómica de mayores y jóvenes del pueblo, se dará cita con más intención de convivencia que de competencia.

El objetivo es promocionar los productos alimentarios autóctonos y apreciar la riqueza gastronómica de las cocinas que se esconden en las casas de piedra (también autóctona) de la localidad del páramo de la Churrería.

Con la patata Monalisa como hilo conductor, e ingrediente básico e indispensable, se juntarán grupos de amigos, peñas y familias, para elaborar el guiso más exquisito, a juicio del jurado, y del resto del pueblo, que podrá participar de forma menos activa que los autores de los guisos pero poniendo paladar.

Las bases del Concurso, y las condiciones de participación, están en la página web del Ayuntamiento de Campaspero. Para acceder a ellas, puedes hacerlo pinchando AQUÍ

¡Buen apetito!

lunes, 8 de octubre de 2012

VIª Feria de oficios de Aldeanueva en Villanueva de Duero


Villanueva de Duero (Valladolid), con poco más de 1.200 habitantes, se volcará, un año más, con la Feria de Oficios de Aldeanueva, en su VIª edición.

Entre el martes 16 de octubre y el domingo 21, en esta localidad donde el Adaja vierte sus aguas al Duero, que llega caudaloso tras recoger pocos kilómetros atrás las del Pisuerga, se volverá a respirar ambiente del pasado, fundido con la participación ciudadana, de los habitantes del municipio del siglo XXI, que se vuelcan con esta actividad, con la presencia activa también de las personas mayores que aportan sus saberes en las diferentes muestras de oficios que se desarrollarán en el fin de semana del 20 y 21 de octubre, en las calles de la localidad. El afilador, la quesera, la bolillera, el apicultor, el pescador, el cestero, el fresquero, la modista... y así, hasta veintisiete oficios que tuvieron su presencia viva décadas atrás, se unirán a la recreación de una escuela tradicional, a la demostración del pisado y prensado de uva, a la elaboración de exquisitos dulces de antaño, o la presencia de figurantes de época, o figuras con arraigo social en el medio rural, como el cartero o el alguacil.

Una completa programación, que además, este año, tendrá como hilo conductor el Cine, el cuál tendra su presencia en la programación previa al fin de semana, con las siguientes actividades:

Martes 16 de octubre, a las 20.00 horas: Encuentro con el actor Juan Antonio Quintana. Con la colaboración de Carlos Recio y Juan Antonio Hidalgo, habrá un recital de García Lorca.

Jueves 18 de octubre, a las 19.30 horas: Narradores de historias, al calor de la lumbre, mientras se hacen unas sopas de ajo.

Viernes 19 de octubre, a las 20.00 horas: Conferencia "De Lumiére a Charlot: nace el arte del siglo XX", a cargo de Ramón Pérez de Castro, coordinador de la cátedras de cine de Valladolid, que hablará de los inicios del cine mudo, sus técnicas y trucos.

El sábado 20 y domingo 21 de octubre, en horario de mañana y tarde (consultar programa), habrá diversas actividades, algunas ya citadas en el presente artículo.

Además, durante los días de la duración de las actividades, habrá una exposición paralela en el local del Ayuntamiento: "Silencio, también se rueda", comienzos del cine, con obras cedidas por Miguel Ángel Soria, la Fundación Joaquín Díaz, Barlovento músicas, Librería Grifilm.

Una semana repleta de programación en Villanueva de Duero, en la que nos adentraremos en una máquina del tiempo, en color, y en vivo y en directo con las vivencias de los más mayores, y degustaciones gastronómicas, especialmente el fin de semana del 20 y 21 de octubre.

Consulta y descarga el cartel: AQUÍ

Consulta y descarga el programa: AQUÍ 





miércoles, 3 de octubre de 2012

Saltando la telera: "Las luces del cementerio viejo" - Raúl F. Catón Abril "Torba"


Desde Barcial de la Loma, prácticamente en la raya entre la provincia de Valladolid y Zamora, en plena Tierra de Campos, nos llegará "Saltando la telera" de forma periódica, Raúl F. Catón Abril "Torba", para acercarnos a su visión de un pueblo de Tierra de Campos, de cómo se ha vivido, se vive, y cómo se puede conjugar la vida del s. XXI, con lo aprendido y vivido en el s. XX, desde su experiencia, comprometido con el patrimonio y la historia viva de Barcial de la Loma.

"Las luces del cementerio viejo"

Hacía ya  unos días que salía de casa cerca de las cinco de la tarde, aún relamiéndome del sabor del cocido, que cada día nos ponía mi madre para comer. Ese sabor a manteca de cerdo y a carne de chivo que durante la siesta no me había abandonado afortunadamente.

La correa del zurrón cruzando mi pecho. Dentro la merienda preparada por mi madre y una botella de agua. El paraguas para darme sombra y los perros. Pecas y Rabón ya  ladraban a la puerta de la calle, esperándome. Era la hora de salir con el rebaño.

Yo tenía doce años. Mi padre había decidido que no fuese más a la escuela. Ya tenía edad para  una ocupación. Todas las tardes saldría con el rebaño. El podría descansar del madrugón diario antes de salir con el rebaño por las mañanas hasta la hora de comer.  Tenía que volver a ordeñar a mi vuelta de la “suerte” y echar cama y comida al ganado.

En este último ordeño intentaba ayudarle. Aún así, nunca antes de la una de la madrugada habíamos terminado. A las cinco de la madrugada se tiraba a diario de la cama para volver entre las ovejas.
Coloqué a Pecas y a Rabón detrás de mí y abrí el portón del corral del aprisco. Las ovejas salieron alocadas, todas a la vez. Atropellándose. Mantuve los perros a raya. Con el calor no es bueno para los animales un alboroto y la sofoquina.

Cerré el portón. A rodillazos me abrí paso entre las ovejas, ahora paradas en la calle, para colocarme delante de ellas. Las arreé despacio… ria, riaaa, riaaa… Arrancamos.

La Jabera de Muñoz, mi destino, no estaba lejos. Llegamos pronto. Las ovejas pacían tranquilamente a la sombra de los olmos en la pradera que entre ellos se forma. Venía un aire de abajo, “gallego”, calentorro. Miré hacia la parte del río. Hacia Villar. Vi como se empezaban a formar nubes bajas. El sol “picaba”. Vi, pues ya no dejaba de mirar, muy lejanas aún las primeras “cuerdas de las nubes al suelo”,  Las nubes se volvieron grises y al ser poniente comenzaron a oscurecer la tarde peleándose con el sol.

Pecas y Rabón  permanecían tumbados. Las ovejas pastaban a sus anchas mientras el bochorno ayudado por el aire caliente derretía el ambiente.

Sonaron lejanos los primeros truenos. Un sonido largo y repetido. Los animales estaban tranquilos. Yo no. Pero no me movía. No quitaba ojo a lo que ocurría abajo poco más allá del río.

Nadie me había dicho nada sobre qué hacer en estas circunstancias. El sol terminó cubriéndose. Era pronto para regresar. No sabía silbar y estaba silbando. Escarbaba con la cacha sobre la pradera de la jabera. Me rascaba sin parar. Miraba la tormenta ya perfectamente formada y subiendo, cada vez con un color más negro. Comencé a moverme de un lada hacia otro.

El tiempo avanzaba lentamente. Entendía que mi obligación era la de aguantar allí por el bien de los animales. Más pasto más leche.

Era el mes de julio. Las nueve de la noche más o menos por la altura del sol y la largura de las sombras, difíciles de ver ya por la oscuridad de la tormenta. Se me hizo de noche. Un relámpago con un increíble resplandor, rebotó de tronco en tronco en los álamos de la Jabera. Nos dejó petrificados. Los perros corrieron a refugiarse bajo una zarza. Las ovejas corrieron por un instante sin sentido. Y yo…. yo casi me lo hago encima.

El trueno fue ensordecedor y nos dejo a todos quietos como santos en la iglesia. ¡No se movió ni dios! Y solo se oyó bajo la zarza el aullido de los perros.

Comenzó a jarrear. Llamé a los perros y comencé a mover el rebaño hacia el camino que a duras penas veíamos. Todo era nuevo para mis doce años y solo en el campo. Tomé el camino de Villar que conduce hasta el Huerto Costilla. Temblaba, no sé si más de miedo o más del frío del agua. En cada resplandor de los relámpagos veía la sombra de los monstruos amenazantes que habitan  el Huerto Costilla. Con el ruido de los truenos el ganado se detenía y los perros se escondían entre mis piernas. Avanzábamos. Despacio. Habíamos dejado ya atrás las sombras amenazantes del Huerto de Costilla. Desde lo alto del camino se entreveían las dos bombillas de la entrada al pueblo.

Se iluminó el cielo con otro relámpago. Nada extraordinario con los que estaban iluminando la noche uno tras otro.  Un extraño sonido salió de dentro del rebaño. Me asusté más de lo que ya estaba. Nunca lo había oído. Sin saber por qué las ovejas dieron la vuelta y comenzaron a correr en dirección contraria pasando por encima de mí, hasta llegar al bajo de la cuesta. Con ellas corrían los perros. Me levanté temblando y aturdido. Dolorido y lleno de barro. Se detuvieron. Bajé en su busca. Allí estaba parado el rebaño. Todo, menos la tormenta, parecía normal. Llamé a los perros y no hacían caso. Cuando lo conseguí me coloqué delante del rebaño y a base de mover los perros tomamos el camino de nuevo. Volvíamos a estar en la parte alta del camino. El miedo me obligo a apretar con fuerza la cacha. Solo nos faltaba cruzar por delante del cementerio viejo. Un nuevo relámpago iluminó la noche oscura y con los ojos abiertos como platos pude ver como se encendía el linderón de acceso al cementerio viejo. Me quedé parado mirando. Temblando. Un miedo que me paralizó al ver como con cada relámpago el linderón del cementerio viejo se llenaba de luces verdes y amarillas que se apagaban y volvían a encender a la luz del relámpago. Las piernas temblaban. Los dientes castañeaban y lloré. Lloré de impotencia y de pavor. Era prisionero de las ánimas.


 Cuando reaccioné, no recuerdo el tiempo que pasó, pude girarme y comprobar que ni el rebaño ni los perros permanecían detrás de mí. De nuevo las ovejas habían corrido despavoridas en dirección contraria y adelantadas por los perros se habían vuelto a detener en la parte baja del camino. Llegué hasta ellas de nuevo. Llorando y temblando de pavor. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué eran aquellas luces en el cementerio viejo?

¿Por qué me había tocado a mí? Mis miedos no tenían consuelo. Y quieto junto al rebaño me sentía más a gusto. Con los ojos llenos de lagrimas  e implorando que todo pasase, pensé  en cómo debía de hacer las cosas. Ya no me importaban ni los relámpagos, ni los truenos, ni el frío… Solo esa luz verdosa que encendía el linderon del cementerio viejo. No encontraba respuesta ni consuelo.

Me quedé parado con el rebaño en la parte baja del camino. Tras cada relámpago, se podía apreciar esa luz verdosa que salía de junto al cementerio viejo. ¡¡No podría pasar!!

Entre mis llantos ahogados de suspiros, dudé si jamás podría pasar más miedo que en esos momentos, ante las luces misteriosas del viejo cementerio. Pero las dudas se disiparon y mi temor subió de tono cuando en lo alto de la cuesta del camino vi una luz balanceándose, proyectando una gran sombra que se acercaba camino abajo. No me moví. Cerré los ojos y lloré con más coraje. 

 -¡Emiliano! ¡Emiliano! – me pareció escuchar y reconocer la voz de mi padre.
-¡Aquí! ¡Aquiii! - Me fui hacia él llorando. Antes de poder articular una sola palabra me soltó un sopapo espectacular que hizo que callara en seco, ya que me amenazó con otro si no lo hacía. ¡No me importó! Tampoco me dolió.
-¿Qué haces aquí parado? Nos tienes a todos preocupados por el rebaño. Las ovejas están empapadas.
Yo aguantándome las lágrimas, le conté que ni el rebaño, ni los perros ni yo habíamos podido cruzar ante el cementerio viejo, pues a cada relámpago el linderón se encendía de luces verdes y amarillas.
-¡Tonterías!- Argumento. -¡Vamos déjame a mí! ¡Tú ponte detrás y azuza el rebaño! ¡Vamos!
Así lo hicimos. Llegamos de nuevo a lo alto del camino, junto al cementerio viejo. Un nuevo relámpago iluminó el espacio. El cielo tembló con el trueno. Tembló la luz del farol. Él quedó quieto aunque el farol no dejaba de moverse. ¡Se oyó un juramento! Todos, menos él, de nuevo corrimos hacía atrás. Cuando el bajó temblaba de miedo. Yo lo noté. Con un tono de voz muy extraño no dejaba de dar órdenes.
-Vamos azuza al rebaño por el sendero que sale un poco más abajo hasta el camino hondo. 

Evitemos el pasar junto al cementerio. Yo voy delante con el farol. Llegamos al camino hondo. Cruzamos la carretera y llegamos al regato. Por la ladera de los árboles llegaremos hasta el corral del aprisco y encerramos las ovejas.

Y así fue. Entramos en la cocina. Mi  madre preguntó con cara de susto qué había pasado. Nadie dijo nada. Callamos. Mi madre volvió a hablar:

- Has llorado Emiliano. ¿Qué ha pasado?

Ninguno de los dos abrimos la boca. Yo ni la ropa mojada sentía. Me la tuvieron que quitar. Nunca se volvió a hablar del asunto. Yo jamás se lo he contado a nadie hasta hace unos meses, que ya jubilado, se lo conté a mi sobrino. Hoy que había tormenta me ha llevado junto al linderón del cementerio viejo. Ya puedo estar tranquilo. Ahora sé qué pasó. 

Raúl F. Catón Abril "Torba"
Barcial de la Loma

Foto: Foro-ciudad.com

Jornada: La promoción de las relaciones intergeneracionales en Valladolid


Ayer día 2 de octubre asistí en la Facultad de Derecho de la Universidad de Valladolid, a la jornada anual que promueve El CONSEJO MUNICIPAL  DE PERSONAS MAYORES DE VALLADOLID, en esta ocasión, en coordinación con la propia Universidad de Valladolid. El tema elegido para este año ha sido el siguiente: La promoción de las relaciones intergeneracionales en Valladolid.

Los objetivos, marcados por la organización, el Área de Bienestar Social y Familia del Ayuntamiento de Valladolid y la Universidad de Valladolid, fueron los siguientes:

-          Sensibilizar a la población en general sobre la importancia de  fomentar las relaciones intergeneracionales en nuestra sociedad.
-          Dar a conocer experiencias de relaciones intergeneracionales estables que se desarrollan en Valladolid.
-          Dar a conocer el programa de relaciones intergeneracionales que se desarrollan en el marco del Convenio de Colaboración firmado entre el Ayuntamiento de Valladolid, la Junta de Castilla y León y la Universidad de Valladolid.
-          Reflexionar sobre las medidas necesarias para fomentar las relaciones intergeneracionales en nuestra ciudad.

El programa de la Jornada, que os adjunto, fue el siguiente:

9,45 h.: Recepción de participantes.

10,00 h.: Comienzo de la Jornada. Saludo institucional:Dña. Rocío Anguita Martínez, Vicerrectora de Estudiantes de la Universidad de Valladolid.

Inauguración de la Jornada: Dña. Marta Reglero de la Fuente,  Directora del Área de de Bienestar Social y Familia del Ayuntamiento de Valladolid.

10,15 h.: Ponencia: “La promoción de las relaciones intergeneracionales
en el Área de Bienestar Social y Familia del Ayuntamiento de Valladolid”.

D. Rafael Valdivieso Ortega, Jefe del Centro de Programas para Personas Mayores del Ayuntamiento de Valladolid.

11,00 h.: Mesa de experiencias intergeneracionales:

D. César Vega García del Secretariado de Asuntos Sociales de la UVA.
D. Rosana Cano García de Fundación “La Caixa”.
D. Juan Manuel Primo Cebrián  del Banco del Tiempo de Valladolid.
D. Santiago Domínguez Fernández de la Casa de Juventud Aleste.

12,00 h. Trabajo en grupos:  “El fomento de las relaciones intergeneracionales  desde los centros y asociaciones de personas mayores de Valladolid.”

13,30 h. Presentación de conclusiones.

14,00 h. Cierre de la jornada.

Dña. Rosa Isabel Hernández del Campo,  Concejala Delegada General del Área de de Bienestar Social y Familia del Ayuntamiento de Valladolid.
  
Por motivos personales, no pude estar toda la jornada, pero sí estuve participando activamente en la parte más importante, sin duda alguna, como han sido las mesas de trabajo y allí hice mi presentación como vocal de la junta directiva de “MAYORES ACTIVOS DE VALLADOLID”.

Todas las preguntas que se nos propusieron para debate y como tema principal y único fueron   las relaciones intergeneracionales, las cuatro preguntas eran más o menos las siguientes:

1. ¿Consideras difícil la relación con los jóvenes?

2. ¿Crees que los Centros de mayores pueden hacer actividades con jóvenes que proponéis?

3. ¿Qué dificultad encontráis para esas actividades intergeneracionales?

4. ¿Desde vuestros centros que se podría aportar?

La verdad es que hubo respuestas de todo tipo y todas en la misma dirección.

Como hemos comentado en nuestra Asociación y yo así lo expuse, considero un error haber hecho asociaciones donde solo han tenido cabida personas jubiladas, y donde pasado el tiempo se convierten en un Centro sin apenas contenido y sin perspectivas de renovación.

Todos absolutamente todos hablaron de la necesidad de abrirse a colectivos de persona mas jóvenes, mas que nada para no morirnos de satisfacción diciendo de forma continua lo bien que lo hacemos agarrados a nuestro pasado y sin saber que hacer con el futuro.

He de decir que los portavoces de las mesas de trabajo, (no todos) al exponer las conclusiones, se  ve que tenían ganas de mitin, pasaron  del tema y se explayaron con sus teorías, supongo que repetidas en todos los sitios donde van, sin acordarse de que eran portavoces y que su obligación era explicar de forma resumida y lo mas fiel posible lo que en cada mesa  de trabajo se había tratado.

La verdad es que no me pareció el acontecimiento del año, pero doctores tiene la iglesia y lo adornarán mejor que yo.

Y como dijo Voltaire a revoire.

Un saludo.

José María de las Heras Alonso
Asociación Cristo del Cabañón de Quintanilla de Arriba
Vocal de Mayores Activos de Valladolid.

martes, 2 de octubre de 2012

Carta a los políticos que no están en política, pero que se pasan el día haciendo política.


Me alegraré que al recibo de esta, os encontréis bien, yo aguanto como puedo gracias a Dios, (o al que se ocupe de estos menesteres.)
Yo juro ante la Biblia, que hoy, sólo hoy, hablaré de política en este sitio.

No aceptaré que nadie me cuente, la realidad de este país, he  conocido la dictadura y sus secuelas, la miseria de mucha gente en nuestro pueblo, (como en la mayoría) el trabajo de esclavos de mis padres, incluido yo mismo, ¡si!… había trabajo incluso para los niños, y como alguien decía, “nunca nos llegó la camiseta al culo”. El caciquismo más absoluto por parte de las autoridades y demás, fue la tónica durante muchos años en este país.
He conocido de cerca, gobiernos dictatoriales de derechas,y de izquierdas en  países hermanos; para qué decir lo que han sido y son para los que lo padecen.
Sin embargo, si hay algo que me repugna, y me parece obsceno, son  aquéllos políticos y seudo políticos,  que se creen depositarios únicos y que representantes de  los valores esenciales del ser humano, como es la LIBERTAD, y  que en nombre del pueblo y los trabajadores, hablan, creyéndose valedores únicos de tales valores y quizá hasta ellos se  crean, que fuera de su amparo y dirigismo solo queda “el rechinar y crujir de dientes”.  He visto con mis propios ojos, la vida en uno de esos países, donde la culpa de todos los males lo tienen siempre los demás y su mas preciada ambición es,  procurar a costa de lo que sea, mantenerse eternamente en el poder, repartiendo miseria y tratando de adoctrinar a sus conciudadanos, (cosa que nunca lograrán), manteniendo una legión de comisarios políticos, para que les arropen en sus desmanes y  creyéndose los nuevos Dioses portadores de valores eternos.
Hago estas reflexiones al hilo, de la situación de crisis que padecemos. Se que esto pasará y nos iremos acostumbrando a los cambios que sin duda se van a producir y de forma muy importante. El problema urgente  es la solución al paro y la ayuda a las personas que estando en esa situación, no tienen medios para sobrevivir. Ahí es donde hay que poner todo el empeño del mundo, para que el trabajo al igual que el agua, lo apreciemos como un bién escaso y que hay que generar, de forma necesario para ganar el sustento de cada día.
Buscar culpables  y hacer responsables a colectivos, como aparecen en  medios de comunicación o en las redes sociales a veces en forma de chascarrillo o de opinión, me parece una forma fascistoide, de buscar chivos expiatorios; son o somos algunas personas o muchas las culpables de esta situación, aquéllos que mas poder han tenido o tienen, deberían asumir, no solo las responsabilidades políticas, sino  también administrativas o penales si las tuvieren, pero nunca  se deben buscar culpables ni criminalizar a colectivos, sean funcionarios, políticos ,curas ,militares o mediopensionistas.
Quiero recordar a los mas jóvenes, que nada se nos ha regalado, aquéllo de lo que disfrutamos es consecuencia del aporte colectivo de la sociedad, a fuerza de vivir en democracia hay gente convencida que esto es lo normal entre los seres humanos, sin apreciar que somos privilegiados por vivir en esta parte del mundo.
La espontaneidad en política no existe y en los sistemas asamblearios siempre habrá alguien, que levante la voz en nombre de los demás sin que nadie le haya votado, ni haya preguntado si tiene permiso para hablar en nombre de la gente que le escucha
En nuestra sociedad lloramos desconsoladamente cuando alguien se nos va, mientras la muerte la violación de todo tipo es la tónica desgraciada en muchos paises del mundo.Hemos aprendido a ser mas solidarios con los que nos rodean,pido que todos ayudemos a nuestras familias, en la forma que cada uno se merezca, y necesite,los mayores a pesar de todo, podemos aportar y aportaremos mucho a nuestra gente. Yo al menos quiero estar ahí.
 Pocholo.

lunes, 1 de octubre de 2012

Campaspero: Excursión a la Ruta de los Monasterios en La Rioja



La Asociación de Jubilados y Pensionistas "Andrés García Verdugo" de Campaspero (Valladolid), organiza todos los años una excursión cofinanciada por el Ayuntamiento de Campaspero y La Caixa. Algunas personas mayores de Campaspero, especialmente hombres asociados a nuestra Asociación, hacen de esta cita cada mes de septiembre, como la única salida del pueblo durante el año, en el aspecto de ocio. Este año el destino elegido ha sido La Rioja, concretamente a la denominada Ruta de los Monasterios.

El 27 de septiembre, con dirección a Nájera comenzó la excursión, con el correspondiente madrugón que requiere el viaje desde Campaspero a La Rioja, para aprovechar el día. En Nájera visitamos el Monasterio de Santa María la Real. El siguiente destino fue el de San Millán de la Cogolla, donde visitamos el Monasterio de Yuso y Suso. Desde alli, marchamos a comer a Santo Domingo de la Calzada, "Donde cantó la gallina después de asada", y por la tarde visitamos la catedral y tuvimos tiempo libre para conocer mejor este municipio riojano.

Tuvimos un día muy provechoso, con cultura, patrimonio, gastronomía, y conociendo en mayor profundidad una región como La Rioja. Lástima que para el próximo año nos han informado que no contaremos con las subvenciones que nos ayudaban al desarrollo de la excursión. Eso sí, la ilusión y las ganas de viajar no nos faltarán.

Evangelina Martín García
Campaspero